La adicción no siempre empieza como un problema, pero puede acabar ocupándolo todo. Y cuando eso ocurre, a veces, cuesta salir solo.
Una adicción no aparece de un día para otro. Muchas veces empieza como una forma de aliviar algo que duele, llenar un vacío, calmar la mente o escapar durante un rato de aquello que no sabes cómo sostener.
Al principio parece que tú tienes el control, pero poco a poco esa conducta o esa sustancia empieza a ganar espacio en tu vida.
Te prometes que será la última vez. Intentas reducirlo. Te dices que puedes parar cuando quieras, pero vuelves a hacerlo.
Y después, aparece la culpa, la vergüenza, el miedo a decepcionar a los demás y esa sensación tan dolorosa de estar fallándote a ti mismo.
A veces sigues trabajando, cumpliendo con tus responsabilidades, cuidando de los demás y haciendo una vida aparentemente normal.
Pero por dentro sientes que hay algo que te domina.
Puede que estés viviendo una adicción al alcohol, al cannabis, a la cocaína, a los psicofármacos u otras sustancias.
O puede que no haya una sustancia, pero sí una conducta que se ha vuelto difícil de parar: juego, apuestas, redes sociales, videojuegos, compras, comida, sexo, trabajo o, incluso, dependencia emocional.
A veces intentas justificarlo, piensas que no es tan grave, que hay personas que están peor, que tú puedes controlarlo.
Pero en el fondo sabes que cada vez te cuesta más parar, que esa conducta está afectando a tu vida, a tus relaciones, a tu autoestima o a tu bienestar emocional.
Y quizás lo más agotador sea vivir atrapado entre dos partes de ti: una que quiere dejarlo. Y otra que vuelve a buscarlo cuando aparece el malestar.
Muchas veces, la adicción aparece como una forma de anestesiar algo que duele. Puede ser ansiedad, tristeza, vacío, inseguridad, trauma, estrés, exigencia, soledad o una sensación interna de no poder más.
Por eso, en la terapia para adicciones no trabajo únicamente sobre la conducta adictiva, sino también sobre lo que hay debajo. Sobre aquello que intentas calmar cada vez que consumes, juegas o compras, buscando fuera lo que no encuentras dentro.
Aceptar que las cosas se han ido de las manos no es una derrota; es el primer acto de valentía. Significa que has decidido que tu historia no termina aquí. Es hora de quitarle el poder a lo que te destruye y empezar a reconstruir tu día a día, paso a paso, con el apoyo terapéutico que necesitas para volver a ser el dueño de tu destino.
Como psicóloga especializada en adicciones en Valladolid, puedo ayudarte a comprender qué te está pasando y empezar un tratamiento de adicciones adaptado a ti.
Mi forma de trabajar las adicciones es cercana, humana y adaptada a ti.
No creo en el juicio, en la culpa ni en frases como “si quisieras, podrías dejarlo”, porque cuando estás dentro de una adicción, sabes que no es tan sencillo.
En terapia, iremos entendiendo qué función cumple esa adicción en tu vida, en qué momentos aparece con más fuerza, qué emociones la activan y qué situaciones hacen que vuelvas a caer en el mismo ciclo.
Trabajaremos para que puedas identificar los desencadenantes, prevenir recaídas, regular el malestar emocional y recuperar poco a poco la confianza en ti.
A veces el trabajo empieza por algo muy importante: dejar de mirarte desde la culpa y empezar a comprenderte desde la responsabilidad.
Y aunque cada proceso es distinto, hay algo que suele cambiar cuando empiezas a trabajarlo: dejas de sentir que la adicción decide por ti, empiezas a recuperar claridad y vuelves a confiar en que puedes construir una vida más libre, más consciente y más tuya.
Lo primero será entender qué está ocurriendo, desde cuándo sucede, cómo se mantiene y de qué manera está afectando a tu vida personal, familiar, laboral o emocional.
A partir de ahí, iremos trabajando herramientas para que puedas:
Muchas personas piden ayuda cuando sienten que ya no pueden más.
Pero no hace falta esperar a tocar fondo para empezar terapia.
Si sientes que una sustancia, una conducta o una relación está ocupando demasiado espacio en tu vida, pedir ayuda puede ser el primer paso para recuperar tu libertad