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Mindfulness

Vives en un ritmo constante, casi automático, en el que la mente rara vez se detiene.

Piensas en lo que viene, repasas lo que pasó, intentas llegar a todo, controlar todo y, sin darte cuenta, pasas gran parte del tiempo fuera de ti mismo.

Al principio, puede parecer normal, incluso funcional, pero llega un momento en el que el cuerpo y la mente empiezan a dar señales: ansiedad, saturación, dificultad para parar, sensación de desconexión o esa inquietud constante que no sabes muy bien de dónde viene.

Y en ese punto, lo más habitual es intentar hacer más de lo mismo: pensar más, entender más, controlarlo más.

Pero no funciona.

No necesitas pensar más, necesitas relacionarte diferente con lo que piensas

El mindfulness no consiste en dejar la mente en blanco ni en relajarse sin más. De hecho, intentar que la mente se quede en silencio suele generar justo el efecto contrario.

Lo que te propongo es algo diferente: aprender a observar lo que ocurre dentro de ti sin quedarte atrapado en ello. Darte cuenta de cómo aparecen los pensamientos, las emociones y las sensaciones en tu cuerpo, y empezar a generar una distancia sin identificarte con ello.

Porque el mindfulness no cambia lo que aparece en tu mente, cambia la forma en la que te relacionas con ello.

Volver al presente de verdad

Puede parecer algo sencillo, pero no lo es. Estar en el presente implica salir del piloto automático en el que vivimos la mayor parte del tiempo, donde reaccionamos sin elegir y nos desconectamos de lo que estamos viviendo.

El mindfulness te entrena, poco a poco, para volver ahí: a lo que está pasando ahora, a lo que estás sintiendo, a lo que estás viviendo en el momento presente.

Sin juicio. Sin exigencia. Sin intentar cambiarlo todo de inmediato.

Y desde ese lugar, que al principio puede resultar extraño, empieza a producirse un cambio real en la forma en la que vives tu experiencia.

Una práctica que se integra en tu vida​

Mi forma de trabajar el mindfulness es práctica, cercana y adaptada a la vida real. No necesitas experiencia previa, ni conocimientos, ni “saber meditar”.

Se trata de incorporar pequeñas prácticas que puedas integrar en tu día a día, que te ayuden a parar, a observar y a gestionar lo que te ocurre de una manera más consciente.

Porque el objetivo no es hacerlo perfecto. Es hacerlo posible.

Más allá de la calma

Aunque, muchas personas llegan al mindfulness buscando reducir la ansiedad o encontrar calma, con el tiempo empiezan a notar cambios más profundos.

Mayor claridad mental, menor reactividad, más conexión consigo mismas y una sensación creciente de estar presentes en su propia vida.

Y poco a poco, esa sensación de vivir en automático empieza a desaparecer.

Integrado dentro de un proceso más amplio

En mi caso, el mindfulness no es una práctica aislada, sino que forma parte de un enfoque más amplio dentro de la psicoterapia.

Esto permite que no se quede en un ejercicio puntual, sino que se integre dentro de un proceso de cambio más profundo, donde se trabaja no solo la atención plena, sino también la comprensión y la transformación personal.